Los nuevos derechos digitales de los trabajadores

La publicación de la Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales, ha supuesto un avance fundamental en la construcción de un verdadero Derecho del Trabajo Digital, una tarea en la que nuestro país se había quedado abiertamente desfasado. Tener un Estatuto de los Trabajadores teóricamente aprobado en 2015 no ha supuesto ventaja alguna a este respecto. A pesar del poco material legislativo y convencional que existía, los tribunales habían ido resolviendo más o menos las cuestiones más acuciantes que se les iban planteando.

La parte propiamente de protección de datos contiene importantes reglas desde un punto de vista laboral. Pero es en el Título X, denominado de manera expresiva «Garantía de los derechos digitales», dónde más se avanza en esta construcción. El enfoque que se adopta es original, porque se regula sobre la idea de derechos de los ciudadanos, más que de reglas de ordenación de actividades o mercados; y se hace un elenco muy completo y actualizado de cuáles son éstos en un contexto digital avanzado.

En este repertorio encontramos un poco de todo: derechos de nueva creación; otros elaborados por los tribunales; y alguno ya previsto en normas sectoriales. Cuando se implementen efectivamente se habrá producido un importante avance en esta materia.

De estos derechos hay un núcleo importante de derechos laborales, sobre los que se venía discutiendo ya en España desde hace tiempo: derecho a la intimidad y uso de dispositivos digitales en el ámbito laboral (artículo 87); derecho a la desconexión digital en el ámbito laboral (artículo 88); derecho a la intimidad frente al uso de dispositivos de videovigilancia y de grabación de sonidos en el lugar de trabajo (artículo 89); y derecho a la intimidad ante la utilización de sistemas de geolocalización en el ámbito laboral (artículo 90). Un elenco muy amplio que, como se ve, puede suponer un cambio de gran alcance en la gestión de los recursos humanos en las empresas.

Desde nuestro punto de vista, como laboralistas, hay dos cuestiones que nos llaman la atención. Nos sorprende, en primer lugar, la forma en que se ha reflejado esta norma en el Estatuto de los Trabajadores y en el Estatuto Básico del Empleado Público. En ambos casos se ha optado por introducir, vía disposiciones finales, sendos artículos en cada una de estas normas generales, en las que se hace una remisión a la legislación especial en materia de protección de datos personales y garantía de los derechos digitales. De este modo, se ha optado porque se traten aquí estas cuestiones y no en la legislación laboral y funcionarial, cuando lo coherente hubiera sido, seguramente, incluir estos nuevos derechos dentro del elenco de éstos que contiene cada una de estas normas. Da la impresión de que se ha funcionado con la lógica tradicional, analizando esta cuestión desde la perspectiva de los poderes empresariales y sus limitaciones, y no desde la nueva, de reconocimiento de derechos.

En segundo lugar, nos llama la atención que la norma adopta un enfoque más propio de la legislación de protección de datos que de la tradicional en el Derecho del Trabajo. Así, el papel que se da a los representantes de los trabajadores es muy reducido, con un artículo 91 sobre negociación colectiva muy pobre. La lógica es la de la autorregulación, la información y la aceptación individual, más que la de la negociación de la implantación de estos derechos. Seguramente es inevitable en una ley general y transversal de Derecho digital.

Ahora se abre una fase muy interesante de puesta en práctica de estos derechos, tarea que corresponde sobre todo a las empresas, que tendrán que actualizar sus políticas internas y ser muy cuidadosas en la forma no sólo en que obtienen y tratan la información sobre sus empleados, sino también en el modo en que los dirigen y controlan. Habrá igualmente un momento importante para la negociación colectiva y es de esperar que con el tiempo todo convenio tenga un capítulo monográfico sobre derechos digitales, como hoy los hay sobre salarios o salud laboral. La oportunidad es importante y hay que aprovecharla para modernizar nuestro marco de relaciones laborales.


Fuente: Expansión